Aprendiendo a Llorar

Llorar siempre se ha asociado a personas débiles, pero no es cierto; uno llora por dolor, para desahogarse, por amor, e incluso por felicidad. No creo que ninguna de esas opciones sean de débiles. A veces es más fuerte el que puede llorar que el que no.

Muchas veces he llorado, la mayoría a sido por presiones familiares, de estudios o similares, otras han sido por amor, a mi familia, a mi pareja, y porque no a mis “no parejas”, también alguna vez he llorado por el simple hecho de llorar, por necesidad, por desahogarme, y, sinceramente, no me veo una persona débil, todo lo contrario, reconozco que siempre me a venido bien y siempre me a ayudado a hacerme algo más fuerte.

Gracias a Susana aprendí que no era malo, siempre me decía que era su forma de soltar presiones acumuladas, que era esta su forma de hacerlo y que no iba a dejar de hacerlo por más que la “sociedad” lo viese como algo malo; es el cuerpo el que lo produce, es irracional como la risa o el miedo y no se le debe evitar, somos así, somos humanos.

Ahora es cuando realmente lo entiendo, y ahora es cuando realmente me gustaría tener esa facilidad para poder llorar y quitarme toda esa tensión que tengo encima, ya veis, mi forma es completamente distinta, destrozar mi cuerpo es la preferida, hacer deporte, jugar al baloncesto, “beber hasta perder el control”, aguantar días y días sin tocar la cama, no parando de hacer cosas, intentar desfasar el mayor tiempo posible. Vamos como se suele decir escurriendo el bulto, intentando dejarlo en un lado y esperando a que se pase por si mismo.

Ojalá pudiese llorar tanto como quisiese, dejar de tener cosas en la cabeza y poder centrarme a otras mucho más importantes, mis estudios, mi casa, mis amigos… En fin, centrarme.

Deja un comentario