En el país de las lidias
Y es que me paso el día enterlo lidiando.
Unas veces soy un joven "recortador" que sortea, a base de cabriolas, las empitonadas. Y otras, las menos, me pongo el traje de luces, sonrio al palco y salgo a por las dos orejas y el rabo.
Rara vez salgo por la puerta grande, pero a base de capotes (y empitonadas) he conseguido salir airoso (aunque no siempre) de más de un trance.
Tengo que lidiar con mis superiores; darles lo que quiero a partir de lo que ellos me piden, sin que se note en exceso el cambio y dando a entender que lo que les ofrezco es la solución más óptima.
A veces me toca lidar con mis amigos, enfrentarme a situaciones grotescas, estupidas, desdeñosas o egoístas, plantar la mejor cara y decir: “coñe, aquí no ha pasado nada!”. Olvidar niñedades y evitar discutir sobre tonterías incomprensibles.
Hasta lidio contra mis propios sentimientos; capote a capote, intento que no se acerquen mucho a mi, ya que de todas las cornadas, estas son las que más duelen, y después de un par de buenas embestidas, creo que ya he vuelto a verlos con el respeto necesario para no cometer muchos más fallos. Incluso, si es necesario, salirme a los burladeros y verlas venir desde la barrera. Que no está el horno para bollos
Estoy escuchando: Ay! Dolores - Reincidentes - ¿Y ahora qué?
Estado de ánimo: Cansado de que me empitonen.
Me gustaría escuchar: El ruido de una Naked 125cc (por elegir) entre mis piernas.





