El sentido de la vida

14 Julio 2006, 11:43 am

Cuando vivía en Mallorca, pasé una de las rachas más curiosas de mi vida, el primer año que estuve allí, no había pelea que no iniciase o en la que estuviese yo. Siempre estaba metiéndome en líos y no consentía que se me tocase ni un pelo. Buenas palizas me llevé a cambio.

Recuerdo todavía como un año, al empezar el curso, aparecí varios días más tarde (mi padre tenía que coger las vacaciones en septiembre y yo solía empezar el curso una o dos semanas después), recuerdo como me pusieron mis compañeros en la puerta de entrada, esperando a que

llegase el “tipicus pardillium” de turno. Al llegar se quedó blanco; era su segundo año en el colegio y aquél que le había dado más por saco el primero parecía que no estaba, que no iba a estar ese año, que le iba a dejar descansar un poco, pero resultó ser todo un engaño. Una gran ilusión que se vio desvanecida al verme detrás de toda la clase, al ver como le habrían paso hacia mi. No tuvo otra opción que darse la vuelta y entrar por la puerta de profesores.

Tiempo después pase de ser un cáncer en su existencia a ser una de las mejores personas que encontraría en Mallorca (o por lo menos eso me afirmó en más de una ocasión). Y es que en tres años, pasé de ser el broncas a ser el “Juez Dredd” del colegio, llegando incluso a pedirme en cierta ocasión que no les separase porque tenían ganas de zurrarse unos con otros.

Pasé de estar en todas las movidas a que los chavalines de cursos inferiores (yo ya estaba en 8º ) viniesen a mi para decirme quien les pegaba o les dejaba de pegar. Aproveché mi cambio físico (pasé a sacarle más de una cabeza a la mayoría) para imponer la “justicia por cojones” del señor Dredd.

Recuerdo que el último año, llego un chaval nuevo al otro 8º, venía con nosotros en el bus de linea y no sé porque extraña razón, pasó a ser objeto de burla de todos. Claro está, yo estaba en ese grupo.

Pasado un tiempo, el personaje en cuestión decidió (sabiamente, creo) que debía callar a las voces que se reían de él. Y que la mejor forma de hacerlo era empezando por ese pesado gafotas de 8º B, que parecía el más graciosillo de todos.

Cierto día, me enteré por casualidad (ejem, todo el mundo me veía y me preguntaba que por qué me iba a dar de hostias con el chico en cuestión, y claro yo me acabé enterando) de que al salir me daría la gran zurra a ver si conseguía callarme (y muy gorda debía ser la zurra, si querían callarme).

Al no haber sido invitado a tal magnífico acontecimiento de manera más formal, no le di la mayor importancia. Pasé del asunto hasta que al salir por la puerta vi la expectación que causaba. Allá me encontré con el personaje en cuestión. Gallito él, esperando callarme de una vez.

Mostré toda mi personalidad en aquél momento. Si alguien me pide describir mi forma de ser, creo que esa sería la mejor forma. Ya que ande directo a él, le saludé con una sonrisa enorme en la cara, le di la mano e intenté pasar de largo. “Buen rollito” ante todo, se diría ahora. No lo conseguí, el chaval estaba empeñado en demostrarme sus artes de guerra. Así que le pedí “amablemente” que no lo hiciera (vamos, le dije que ni se le pasase por la cabeza tocarme un pelo), él insistió. Así que hice lo único que me restaba, le “demostré” que no podría hacer nada intentándolo así conmigo (vamos, que cuando estaba en el suelo, con su cabeza retorcida y el solo podía intentar tirarme del pelo para salir de la presa) decidí levantarme, arreglarme la ropa y seguir para adelante como si no hubiese pasado nada. Él supo en ese momento que no debía seguir intentándolo, posiblemente la siguiente vez no fuese tan benevolente (aunque seguramente si lo hubiese sido). Y decidió dar por finalizado su intento de callar a la gente a base de fuerza bruta.

Con esa misma sonrisa me subí al coche, con esa misma sonrisa le recibí cuando llegó, y con esa misma sonrisa seguimos con las mismas coñas el resto del año. El resto de mi vida. Siempre sonriendo, siempre con la cara por delante y siempre evitando confrontaciones estupidas.

Conclusión: Está claro, no? Que ya he vuelto, que ya he acabado los exámenes y que ya estoy de vuelta para seguir haciendo y diciendo tonterías por este nuestro blog. Y esta es la primera :-D

Estoy escuchando: Suma y sigue - Stafas - Por arte de birli y birloque

Estado de ánimo: Acelerado, nervioso, encafeinao, sonriente…

Me gustaría escuchar: Unos buenos conciertos este fin de semana! Que me voy al Casar de Palomerock (os pondría la url. Pero es una página tan, tan mal diseñada/hecha, que me da vergüenza enlazarla. Otra en mi lista de páginas a reformar)

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2 Comentarios to “El sentido de la vida”

  1. PfO (1 comments) dijo:

    Hay que joderse con el abusón de los cojones. Y encima lo cuenta, todo orgulloso. Que igual te traten cuando llegues a la cárcel.

  2. GeL/T0 (17 comments) dijo:

    Jeje… Esto me lo tomaré a coña… si es eso lo que has entendido del post, perdona… porq lo habré escrito mal :p

    Un saludo.

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